Astro-Campus
Autor: Liliana Cosentino
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.Los Signos: Tierra
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.Los Signos: Agua
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SUBDIVISIÓN DEL ZODIACO

 

El zodiaco puede ser subdividido de varios modos:

 

División binaria


Los signos del Zodiaco pueden tener significado pasivo (yin, femenino, negativo) o activo (yang, masculino, positivo). Los signos femeninos son los que pertenecen a los elementos de Tierra (Tauro, Virgo, Capricornio) y de Agua (Cáncer, Escorpio, Piscis). Los signos masculinos son los que pertenecen a los signos de Fuego (Aries, Leo, Sagitario) y de Aire (Géminis, Libra, Acuario).
En sentido psicológico, significa que los signos pasivos tienen una mayor capacidad receptiva, y prefieren que los sucesos vengan hacia ellos, exactamente el contrario de cuanto sucede para los signos activos que se proyectan mayormente hacia la acción.
Su disposición en la banda zodiacal, es alterna, es decir, a un signo positivo le sigue uno negativo, después uno positivo y así sucesivamente.

 

 

División ternaria


Hace referencia a los ciclos de las estaciones en las que hay un inicio, un momento culminante y un ocaso. De hecho, cada estación contiene tres signos zodiacales que toman los nombres de Cardinal, Fijo o Mutable.


PRIMAVERA
VERANO
OTOÑO
INVIERNO
CARDINALES
Aries
Cáncer
Libra
Capricornio
FIJOS
Tauro
Leo
Escorpio
Acuario
MUTABLES
Géminis
Virgo
Sagitario
Piscis

Psicológicamente, se manifiestan de diferente modo:


-Los signos Cardinales, que corresponden al inicio de la estación, determinan personas activas, emprendedoras, que tienden a "iniciar una empresa".
-Los signos Fijos, corresponden al momento en que la estación ha llegado a una cierta estabilidad, por lo tanto, psicológicamente, determinan personas dotadas de firmeza, pacientes, concentradas en sí mismas, poco inclinadas a los cambios, por lo tanto ligadas a la tradición.
-Los signos Mutables, corresponden al momento en que la estación esta cambiando y por lo tanto encarnan la alternancia de la voluntad, la inconstancia, pero también la adaptabilidad, la posibilidad de encontrar soluciones alternativas.
Como síntesis,diríamos que la distribución de los planetas por los signos de cada triplicidad, fijan la reacción del individuo con el ambiente.

 

 

División cuaternaria
Los filósofos de la antigüedad habían establecido que sobre el planeta existían cuatro elementos fundamentales: Fuego, Tierra, Aire y Agua. De su composición deriva la multiplicidad de las manifestaciones de lo rea.
Consecuentemente, a cada elemento le son atribuidas sus cualidades elementales, y por lo tanto también a los temperamentos humanos.

ELEMENTO
CUALIDADES ELEMENTALES
TEMPERAMENTOS HUMANOS
FUEGO
CÁLIDO - SECO
BILIOSO EXHUBERANTE
TIERRA
FRÍO - SECO
NERVIOSO METÓDICO
AIRE
CÁLIDO - HÚMEDO
SANGUÍNEO - EXTROVERTIDO
AGUA
FRÍO - HÚMEDO
LINFÁTICO-INTROSPECTIVO

 

Las relaciones entre los cuatro elementos y los cuatro estadios de expresión del espiritu:

Fuego: plano físico (práctico - activo)
Tierra: plano emotivo o de los deseos (astral)
Aire: plano mental
Agua: plano espiritual (causal)

Esto indica las cualidades preponderantes a través las cuales se manifiesta el espíritu. Es decir, la dirección genérica de las aspiraciones del individuo que se orientan hacia una rápida realización o hacia un plano emotivo, mental y espiritual de la vida, en relación al número de planetas que pertenezcan a cada elemento. Está claro, por tanto, que cuanto más equilibrada sea la presencia de los planetas por elementos, tanto más armónica resultará la personalidad del nativo.

Este esquema determina también la componente esencial del cuerpo físico, indica las regiones del cuerpo más influidas.

Fuego = sangre.
Tierra = tejido óseo y nervioso (como tensión nerviosa, no como tejido).
Aire = pulmones, cerebro.
Agua = fluidos, líquidos, aparatos digestivo e intestinal.

Debemos considerar además, una continuidad, una trasformación alquímica, por así decirlo, que hace pasar de un elemento a otro, sin saltos bruscos ni interrupciones. Desde el más denso al más ligero, y después se pasa de nuevo al denso a través de las cualidades elementales que diferencian a cada elemento, pero que en esencia forman parte también de los otros.

FUEGO
cálido seco
AIRE
cálido - húmedo
TIERRA
seco - frío
húmedo frío
AGUA

 


Para comprender mejor el sentido rotatorio continuo del zodiaco, tomamos como ejemplo la vida de una planta.

La semilla plantada en la tierra, con una fuerza enorme, sale al descubierto, se rompe a sí misma.
La plantita nace en el signo de Aries, el primer signo de Fuego.
Entonces, emite la primera raiz, que la fija al suelo y la comienza a nutrir. Estamos en el Tauro, primer signo de Tierra.
Con las primeras hojas, al contacto con el Aire, comienza la fotosíntesis (la inteligencia de la planta que comienza a individualizarse).
Estamos en Géminis, primer signo de Aire.
Ya las raíces han crecido y consiguen traer de la tierra madre la linfa vital en gran cantidad.
Estamos en Cáncer, primer signo de Agua.
La planta está ya crecida, las flores son polinizadas y se convierten en futuros frutos, mediante la energía del calor del Sol.
Estamos en Leo, el segundo signo de Fuego.
Ahora los frutos ya están maduros y deben ser recolectados o volver a la tierra para convertirse de nuevo en semillas.
Estamos en Virgo, segundo signo de Tierra.
La planta, despojada de sus frutos, pero viva, compite con otras plantas que le sustraen su linfa vital, está todavía al máximo de su expansión aérea.
Estamos en Libra, segundo signo de Aire.
El ciclo concluye, la planta muere, se disgrega. Las lluvias otoñales la convierten en un todo junto con el fango.
Estamos en Escorpio, segundo signo de Agua.
Las semillas dejadas sobre el terreno son transportadas por los torrentes impetuosos o por los pájaros que las comieron junto con los frutos, no las digirieron y que las expulsaron intactas en cualquier parte.
Estamos en el Sagitario, tercer signo de Fuego.
Cae la nieve, la tierra se vuelve dura, la semilla esta bajo ese manto helado, parece muerto, seco. Pero está solamente esperando.
Estamos en el Capricornio, tercer signo de Tierra.
Hace todavía frío, pero el metabolismo lento, de hibernación, de la semilla ha hecho su efecto; ahora "respira", emite pequeñísimas cantidades de gas, se reencuentra con la inteligencia del "proyecto planta".
Estamos en Acuario, tercer signo de Aire.
La nieve se derrite, el terreno se moja, el semilla se infla y se prepara, todavía está bajo tierra, tímida, pero lleno de posibilidades.
Estamos en Piscis, tercer signo de Agua.
El ciclo concluye con la semilla que se abre. Estamos nuevamente en el signo de Aries.

 

 


Atravesemos ahora el Zodiaco según el recorrido del alma

El individuo se encarna, nace en el signo de Aries.
De hecho, el nacimiento es un episodio cruento, que señala el paso del mundo confortable, oscuro y protector del útero, a la luz y a las sensaciones más inciertas y violentas. Recordemos también que el bebé o el alma en general, nace arremetiendo con la cabeza y forzando los órganos genitales de la madre.

En el signo de Tauro, el pequeño experimenta la oralidad.
La primera cosa que el bebé hace es chuparse el dedo, succionar la leche, es el único acto voluntario que puede hacer, no es un automatismo, es la respuesta a la exigencia del hambre, de supervivencia. Él elige si se succiona el dedo, puede hacerlo o no; es el primer signo de posesión. ¿Qué nos puede pertenecer más que lo que nosotros mismos metemos en nuestro cuerpo?


En el signo de Géminis, el bebé experimenta el espacio que le rodea.
Comienza a gatear, a tomar los objetos con las manos... Está rebosante de curiosidad cognitiva, balbucea las primeras palabras, quiere entender y quiere hacerse entender, interactúa con el ambiente circundante, con los hermanitos.


En el signo de Cáncer, se toma conciencia de los propios orígenes.
Se comprende la importancia de la estructura familiar, el rol de la madre que nos puede empujar hacia adelante o mantener ligados, los mecanismos de dependencia que de ahí pueden derivar, el sentido del refugio natal que de cómoda cueva puede convertirse en una celda estrecha o en una jaula de oro. Los cuentos que nos cuenta la abuela son pura filosofía de vida.

En el signo de Leo se desarrolla el YO.
Ahora ya el niño se convierte en muchacho, quiere salir, juega, se divierte con la vida, crea en sentido artístico…y también en el biológico, experimenta la sexualidad, se enamora.

En el signo de Virgo se desarrolla el sentido del deber.
A esto punto, el joven experimenta lo constructivo del trabajo, la responsabilidad de un trabajo que en definitiva es servicio para los demás, aprende a no sobresalir a cualquier coste, a aceptar que se está bajo la autoridad de otros.


En el signo de Libra el hombre se pone oficialmente en relación con los otros.
Ahora que la propia personalidad está construida, necesita ponerla en sociedad con los demás: de aquí parten el matrimonio y las sociedades legalizadas. Hasta ahora se estaba solo, aquí ya se hace necesario perder una parte de uno, dar cuenta de las propias acciones, mediar, aceptar y ser aceptado.


En el signo de Escorpio sobrevienen los cambios.
¿Qué falta por hacer? La persona se plantea preguntas sobre la existencia, el ciclo vital está ya cumplido, el viaje de la vida no tiene sentido si no existe el otro, las relaciones con la muerte, se estudia lo insondable. Después, la transformación, o bien la muerte. Se trata de la máxima trasformación.

Hasta este punto llega lo que todos podemos verificar, pero ¿qué le sucede al alma que ha recorrido el camino de individualización en los otros cuatro signos? Según los espiritualistas esotéricos, el camino prosigue, para prepararse para la sucesiva encarnación.

En el signo de Sagitario, se cumple el viaje que lleva a un estado de conciencia superior: la conciencia cósmica de los otros estados de la existencia sutil.

En el signo de Capricornio, se hace balance de lo que ha sido cumplido en vida, si el trabajo evolutivo asignado se ha seguido y hasta qué punto. El alma se convierte en juez de sí misma decidiendo con frialdad acerca de sí misma, establece las penas que cumplir en la próxima encarnación bajo forma de obstáculos, realidades con las que tener experiencias. La sabiduría y el rigor de Capricornio deciden también las reglas para la siguiente reencarnación.

En el signo de Acuario, el alma completa, su conocimiento de las leyes electro-magnéticas que regulan el mundo de la energía, se pone en contacto con entidad de puro espíritu, sus maestros espirituales.

En el signo de Piscis, finalmente se llega a un proceso en el cual se pierde la propia individualidad, se nos pierde en el océano del todo, los recuerdos de lo que éramos, nuestras experiencias se esfuman.
De hecho, la memoria de existencias precedentes no es frecuente. Además, estos recuerdos residuo persisten solo hasta los tres, cuatro años, después "se corre un velo" que para ser levantado, hace necesarias en la persona común, sesiones de hipnosis regresiva. En los sujetos "más avanzados", son las técnicas de meditación las que pueden hacer más sutil ese límite entre inconsciente y consciente.

 

Traducido del original italiano por Astro-Campus de:
http://www.cidacatania.it/primipassi.asp?id=75
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web del CIDA de Catania
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